Tracia, la civilización en la sombra

¿Quiénes fueron los tracios? ¿Dónde desarrollaron su cultura? ¿Qué relevancia tuvieron en la historia antigua? Pese a que aún hay escasas evidencias que expliquen como se comportaban y vivían los tracios, los grandes descubrimientos de las últimas décadas nos permiten adentrarnos un poco más en esta civilización desconocida para muchos, pero que ya mencionaron Homero y Herodoto en sus escritos.

Orígenes y territorio tracio

Los tracios no constituían un pueblo homogéneo. La idea más generalizada es que esta civilización la formaban un conjunto de tribus guerreras organizadas en pequeños reinos independientes, que mantuvieron esta organización tribal durante largo tiempo.

Su origen se sitúa alrededor del segundo milenio antes de nuestra era, en los inicios de la Edad del Bronce. Ocupaban el sureste de la Península de los Balcanes, entre el Asia Menor y la Europa Central. Sus límites variaron a lo largo de los siglos, pero no fue hasta que el territorio se anexionó al Imperio Romano (46 dC) que se constituyó la provincia de Tracia. Por primera vez, se configuraba una región tracia bien definida territorial y políticamente, que se mantendría hasta nuestros días. Actualmente, Tracia forma parte del norte de Grecia, la Turquía europea y gran parte de Bulgaria.

¿Qué nos dice la arqueología de los tracios?

Hay escasas evidencias que expliquen detalladamente la forma de vida y costumbres de esta civilización, pero los restos que se han encontrado permiten construir una idea aproximada de quién fueron y cómo se comportaron los tracios. El legado más conocido y más recientemente estudiado es el llamado “oro de los tracios”, formado por grandes tesoros reales del siglo V-IV aC (el de Panaguiurisxte es el más espectacular).

Estos tesoros fueron descubiertos por investigadores que trabajan desde 1983 en el sureste de Bulgaria. Una gran cantidad de objetos de oro forman parte de estos incalculables tesoros. Las piezas sorprenden por su apurada técnica en la decoración de ajuares, y también, por el complejo diseño de joyas y adornos. El hallazgo más interesante ha sido muy reciente: una corona de laureles de oro en el interior de la tumba de un rey tracio, de más de 2.400 años de antigüedad.

La riqueza de la corona, junto con la escena de coronación que muestra el anillo del difunto, indican que se trata efectivamente de un rey. El resto de ajuares que la acompañan refuerzan esta afirmación. Al lado de estos descubrimientos también destacan las tumbas de Katanlak y Sueshtari, por sus pinturas e iconografía, además de la ciudad excavada de Seuthópolis.

La mayoría de datos que han llegado hasta nosotros muestran una cultura con clara influencia griega en todos los aspectos

Mitos y creencias tracias

Hay numerosos mitos que involucran a la civilización tracia, como ocurre con otras culturas de la antigüedad. El más destacado es el de Orfeo, poeta de origen tracio, protagonista de diversas historias que después se incorporaron al panteón griego. Dioses como Bóreas o Ares también proceden de la religión tracia. La lectura de los hallazgos arqueológicos indica que creían en la inmortalidad del alma y la vida de ultratumba, de forma similar a los egipcios. Por ello, los difuntos se acompañaban de ricos ajuares, que tenían que servirlos para la nueva vida que llevarían a partir de aquel momento.

Los tracios formaban una sociedad polígama de hábiles jinetes guerreros: cuando un guerrero tracio moría, sacrificaban y enterraban con el difunto a su mujer favorita y a su caballo.

Espartaco, líder de la revuelta de esclavos contra el Imperio Romano, era de origen tracio

La denominación de “tracios” fue dada por los griegos, que los veían como bárbaros por su naturaleza guerrera

¿Qué nos dicen las fuentes escritas?

Los datos de que disponemos son imprecisos y remotos en el tiempo, pero muy relevantes por su contenido y autoría. Homero, en la Ilíada y la Odisea, menciona a los tracios como los aliados de Príamo en la guerra de Troya (1200 aC). Hesíodo, en sus crónicas del siglo V aC, los describe como “el pueblo más numeroso del mundo después de los hindúes”, y también como “salvajes guerreros sedientos de sangre”.

Estas fuentes, entre otras, han motivado a diversos historiadores y arqueólogos a buscar evidencias que confirmasen aquello que en la antigüedad se decía de los tracios. Pero su relevancia y el creciente interés por su cultura no provienen del hecho de ser mencionados en los textos antiguos, sino de los grandes hallazgos que se han realizado en Bulgaria en los últimos años.

Las inscripciones en tumbas y piezas de cerámica indican que utilizaban una lengua de ascendencia indoeuropea

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